Esta noche me costó dormir bastante, el dolor de pies había sido muy intenso el día anterior y el dolor de los metatarsos muy agudo. Un auténtico suplicio, tener fuerza para caminar y que el dolor de los pies no te lo permitan, pisar asfalto y ver las estrellas ^.^

Ese día empecé temprano la jornada, con intención de llegar a Puente la Reina, la siguiente localidad en el trayecto.

El camino a Puente la Reina fueron 6.75km que tardé en hacer algo más de 3h. La media de km/h no sería mala si no fuera que no tuve apenas desnivel. Gracias a los bastones pude avanzar en la medida de lo posible durante lo que me duró este corto trayecto. Por el camino mientras sufría de los pies iba pensando en cómo solucionar ese dolor, no tenía otro pensamiento que… «cómo quitarme el maldito dolor de pies» y también «que puedo retirar de mi mochila» así que decidí que en cuanto llegara a Puente la Reina iba tratar de comprar nuevo calzado para quitarme las botas y buscaría una oficina de correos para mandarme cosas que me sobraban de la mochila.

Gracias a un buen amigo, que se encontraba disfrutando de unos días de vacaciones en familia por los alrededores, pude pedirle ayuda para que me acercara a algún sitio donde poder comprar calzado. En Puente la Reina, no había ninguna tienda especializada, pese a ser un lugar frecuentado por peregrinos.

Así que gracias a mi amigo, nos desplazamos en coche a Pamplona y en una tienda de deportes en la Morea pude hacerme con unas flamantes zapatillas para mandar a tomar por saco las botas.

Retirar las pesadas y duras botas, por unas playeras ligeritas y blanditas, fue la mejor decisión que pude tomar. Si no lo hubiera hecho, ese día hubiera terminado la aventura, no podía caminar más. Y aprovechando el maletero del coche de Carlos, también aligeré la mochila de esos por si acasos extra.

Dado que me rescataron, decidí pasar el día en Puente la Reina con mi amigo y su familia que fueron unos anfitriones geniales. Llevaba unos días caminando perdido en mis pensamientos y en el estrés del trabajo antes de iniciar la aventura, y aquí empezó mi camino a la meditación gracias a los sabios consejos de mi amigo.

Y ahí desde la tumbona de su parcela relajado bajo ese fabuloso cielo, estuve descansando mis pies y mi cabeza en muy buena compañía.

Al terminar el día, me dirigí al albergue de Puente la Reina, que aunque me ofrecieron dormir con ellos, preferí llevarme la «serenata nocturna» a otra parte 🙂

Esa noche, hice noche en el segundo albergue que te encuentras nada más llegar a Puente la Reina, curiosamente en el sótano de un hotel.

Una parada totalmente reparadora, no sólo a nivel físico. Gracias Carlos!