Empezamos el día descansado y con todo lo de la mochila limpio. El día anterior fue importante para poder descansar del dolor de pies que estaba arrastrando un dolor agudo.

A primera de la mañana coincidí con peregrinos en el bar en el que estuve desayunando, ambos compartimos nuestras penas… y en ese grupo tuve la suerte de encontrarme con una fisioterapeuta, la que me recomendó usar plantillas de gel para tratar de mitigar un poco el dolor de los pies.

Tras el desayuno me dirigí a la farmacia a comprar unas plantillas de gel. Ya en la farmacia, se ve que la mujer atendía a muchos peregrinos, me encontré con una chica que tenía los pies llenos de rozaduras, ambos buscábamos soluciones en la farmacia. No era posible tener las plantillas de gel encima de las plantillas ortopédicas así que retiré las ortopédicas y metí las de gel.

Empezamos la jornada con esas plantillas de gel en las botas, que me permitió caminar ligero un buen rato, haciendo que el dolor no fuera tan fuerte por aportar ese poquito de amortiguación en la zona metatarsal. Así que con la «capa/poncho» puesto, tiramos dirección al alto del perdón.

Pero a los pocos kilómetros de ir camino al alto del perdón, lo que solucionaba una plantilla no lo daba la otra y el arco plantar empezaba a quejarse… que agonía andar todo el rato pendiente del dolor de los pies en cada paso… finalmente decidí parar en un cruce justo antes de empezar la subida al perdón aprovechando para almorzar un poco de fruta. Con la idea de tratar de solventar un poco el problema con los pies hicimos un poco de brico… Cogí las plantillas ortopédicas y retiré la primer a capa para hacerlas más finas y así poner encima las plantillas de gel, de esa manera tendría refuerzo en la zona del arco plantar y un poquito de amortiguación. Aunque seguían ocupando bastante para la zona del pie, gracias a esto pude continuar, aunque fui necesitando descansos periódicos para no fatigar en exceso los pies.

En esa parada técnica, la chica que conocí en la farmacia llegaba al punto en el que estaba. Compartimos un poco nuestras penas de pies para haber llegado a ese punto y decidimos continuar juntos lo que quedaba de etapa. Ambos llevábamos un ritmo lento por el problema que estábamos arrastrando en los pies así que charlando por el camino íbamos haciendo nuestro camino más ameno.

Un poco antes de llegar a la subida hay una fuente con un agua estupenda, aprovechamos para descansar y comer algo antes de llegar arriba y afrontar la bajada. Allí nos encontramos con un par de chicas alemanas con las que conversamos un rato. Al poco tiempo de hacer esa parada, subía un pequeño grupo de coreanos, que iban como locos sacándose fotos, para arriba y para abajo, adelantando a la gente y parando para sacarse fotos y vuelta a correr hacia arriba. Un auténtico estereotipo de gente oriental 😀 iban con una cámara de fotos digital que imprimía las fotos y se iban haciendo selfies con la gente del camino y regalando fotos… un auténtico espectáculo 0_o!

Una vez alcanzado el alto, procedimos a bajar hacia Uterga. El descenso, bastante pedregoso y junto a esos buenos pies que arrastrábamos hizo que la bajada nos la tomáramos con calma. En una de esas pequeñas paradas de la bajada, se acercaba con paso alegre el señor Alemán que conocí en la primera etapa. Alegre de volver a coincidir conmigo estuvimos un rato charlando los tres y emprendimos nuevamente la bajada.

Aunque estaba arrastrando dolor de pies desde antes de llegar al alto del perdón, tenía la esperanza de poder aguantar hasta el final de la etapa, Puente la Reina, pero cuando terminamos el descenso por una zona pedregosa los pies se resintieron más y ya iba muy dolorido antes de llegar a Uterga. Llegar hasta el pueblo en el camino llano tras el descenso del Alto del perdón fue una auténtica agonía.

Una vez allí en Uterga, mi compañera de camino y yo aprovechamos para comer y reponer así energía. Mis pies ya no podían seguir más, así que yo me quedé en el albergue de Uterga y ella se animó a continuar hasta Puente la Reina. Ella había venido con tiempo para completar el camino y nos intercambiamos los correos y tras finalizar las etapas nos íbamos escribiendo.

Ya en el albergue, al no ser albergue de fin de etapa y temporada alta, estaba prácticamente vacío, una pareja de Alemanes y yo. El personal del albergue muy amables me facilitaron la palangana con agua fría/sal/vinagre. Ese día había sido agotador, cené en el albergue tras asearme y me fui pronto a descansar.